Si me dieran un duro cada vez que preguntan ésto sería casi rica.

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Primero: no siempre se ha labrado; y no siempre del modo destructor en el que se hace ahora con los mastodónticos tractores llenos de cientos de caballos. Estas máquinas compactan el suelo y destruyen su estructura. Pero me voy a ceñir a la labranza tradicional, no tan agresiva con el suelo, realizada con animales o tractores pequeños.

Los arados primitivos se utilizaban en España ya antes de la venida de los romanos, pero esos pueblos no eran aficionados a los cereales, y su dieta se componía en buena proporción de otras harinas como la de bellota, que no requerían cultivo. Conocían el arado pero preferían en muchos casos la laya porque obtenían mejores rendimientos, según testimonios de viajeros romanos. La laya pincha, pero no voltea el terreno, respetando sus capas naturales y su estructura.

Es la generalización del consumo de harinas de cereal lo que obliga al cultivo extensivo y a la labranza. Augusto, en su conquista del Norte de la península, utiliza como técnica pacífica de invasión el cambio de las costumbres alimentarias: los pueblos indígenas, que se bastaban con la laya, la recolección y la caza para alimentarse, comienzan a bajar a tierras más propias del cultivo de cereal ( Floro, Estrabón y Dión Casio). Se modifica la propiedad de la tierra y se hace necesario el uso del arado romano.

en la península es la generalización del cultivo de cereales lo que extiende el uso del arado

En la península es la generalización del cultivo de cereales lo que extiende el uso del arado

Dos pinceladas: no sólo los pueblos prerromanos sobrevivían sin arado, sino también los pueblos precolombinos (de las culturas de Asia habría mucho que hablar). Las culturas precolombinas que basaban su alimentación en el maíz no necesitaban la labranza como las que usan harina de  gramíneas herbáceas.

Los cereales son gramíneas herbáceas anuales: colonizan terrenos removidos. Aprovechando las lluvias del invierno crecen en cualquier sitio con esas características. Simplemente observad. Para obtener mucha harina de parcelas niveladas de secano, tiene bastante sentido domesticar plantas pioneras de este tipo rústico y arar. La calidad nutricional de estas harinas (las de trigos antiguos no digo ya nada de los actuales) es peor que la de bellota y castaña, por ejemplo.

Existen muchas plantas, gramíneas o no, colonizadoras de terrenos removidos:

  1. Las que gustan de terrenos menos orgánicos y que saben sobrevivir con menos agua. Nosotros las llamamos malas hierbas de nuestros campos cerealistas.
  2. Las que viven en suelos con más contenido en materia orgánica, más o menos descompuesta. Las veremos en las cunetas y caminos de paso de animales y les llamamos malas hierbas de nuestros campos de cultivo y huertos estercolados (ruderales).

Si remuevo el terreno creo condiciones para el crecimiento de todas aquellas comunidades vegetales de nuestra zona propias de terrenos echadizos. Los cereales entre ellas, pero no sólo. Comienzo así una carrera contra los elementos:  cultivo comunidades pioneras, pero sólo quiero una especie entre ellas: el trigo o las patatas, lo que sea. Tendré que escardar para matar las malas hierbas que siempre van a acompañar a mi cultivo, o echar herbicidas.

Monocultivo moderno de espinacas de regadío chutado de fertilizantes y herbicidas. Muy rico, disponible en todos los supermercados.

Monocultivo moderno de espinacas de regadío chutado de fertilizantes y herbicidas. Muy rico, disponible en todos los supermercados.

 

Como remuevo, aireo, y así acelero la mineralización de la materia orgánica que, previamente, he tenido que echar. Esto se gasta en una temporada y ya estoy como al principio, pero más empobrecido en estiércol y energía (y yo en paciencia). Vuelvo a labrar y retraso la evolución de ese suelo que, muy modestamente, las plantas colonizadoras habían comenzado. No dejo el suelo evolucionar.

Si abandono el suelo removido varios años, se compacta mucho, porque no tiene vida propia ni estructura estable. Se llena de cardos y otras sufridas plantas que lo van mejorando. Los campos de frutales abandonados son ideales para el crecimiento de praderas de diferentes tipos, que con los años van mejorando el suelo hasta hacerlo capaz de albergar tomillares, jarales, retamas y muchos tipos de comunidades arbustivas de secano en nuestros climas mediterráneos.

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Hermosa pradera creciendo en campo de frutales abandonado: frutales de pepita, granados. Ya aparece algún arbusto en primer término.

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Incluso en secano, las praderas colonizan los campos abandonados de olivos

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Si hay algo más de agua disponible rápidamente se regenera el estrato arbustivo: aquí, romero, lavanda, arbustos leguminosos…

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Tras la pradera, los arbustos empiezan a crecer por el suelo mejorado gracias a la recogida de más agua en la base de esta loma.

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Olivares abandonados en antiguas terrazas se benefician del agua y son invadidos por comunidades arbustivas muy pronto. A veces, como aquí, ni siquiera degeneran.

Con el  tiempo, en general, los frutales abandonados degeneran, a la par que los suelos mejoran y van albergando comunidades más y más complejas y ricas. En pocos años podríamos plantar de nuevo esos mismos frutales,  en el mismo sitio y sin labrar.

 

Ejemplo de cultivo pionero del terreno para huerto permanente:

Primera temporada de cultivo permanente de secano con espinacas colonizadoras y ajos. Espontáneas aparecen malvas, amapolas, taraxacum...

Primera temporada de cultivo permanente de secano con espinacas colonizadoras y ajos. Espontáneas aparecen: malvas, amapolas, taraxacum, alfalfa…Sin abonado; los ajos están más grandes que los del hortelano modelo de referencia. Las espinacas se han cosechado-segado todo el invierno. (No, no quito aún otras hierbas porque no es necesario)

No he gastado energía (sólo un poco de limpieza previa), ni abono, y tengo la base para seguir enriqueciendo y cultivando en próximas temporadas. He cosechado espinacas y tengo los ajos más hermosos del entorno. Eso sí: hay que quitar de raíz todas las hierbas gramíneas que van saliendo. ¡Mejor saltarnos la fase de pradera en nuestros bancales!

¿Por qué entonces esa escalada de derroche de medios (energía animal, fósil, estiércol, fertilizantes, herbicidas, etc)? No es sólo un problema de mecanización, sino anterior a ésta.

Hemos ido, a lo largo de la Historia, domesticando especies comestibles silvestres. Por motivos discutibles, y que yo creo son muy psicológicos, domesticar ha implicado elegir especies y variedades más productivas, más gordas: especies con función pionera ecológicamente, adaptadas al cultivo con estiércol y labranza (ahora fertilizantes minerales). Esto sobre todo en el caso de los vegetales que tienen el sistema radicular en la capa más orgánica del suelo.

Si dejo el suelo evolucionar tendré casos muy diferentes según las condiciones bioclimáticas. El tema es muy complejo y habría sido bueno que los pasados 2000 años los esfuerzos dedicados a la agricultura que conocemos se hubieran dedicado también a otros tipos de manejo del suelo sin labranza. De momento las hortalizas serían otras. Cultivaríamos otras especies que permanecen silvestres, o que se abandonaron, y variedades de sistema radicular permanente, capaz de rebrotar año tras año tras los fríos. Nos quedan los arbustos y los árboles frutales, con los que podemos crear bosques comestibles de cultivo permanente.

¿Qué hacer si queremos minimizar nuestro gasto en laboreo? Primero adaptar la dieta. Comer menos harina de cereal y menos coles. Las coles, todas las coles y repollos, son colonizadoras de terrenos ricos en Nitrógeno, con abono poco descompuesto. Paradójicamente, las solanáceas traídas de América soportan bien el terreno estable y con mínima labranza. Maíz mejor que cereales. La patata merece un capítulo porque requiere labranza por la forma de cosecha y no por los requerimientos del cultivo. Podemos  reservar un espacio a las hortalizas que requieren ese tipo de laboreo e ir descubriendo y ampliando la gama de las especies que crecen en bancales permanentes.

El uso de abonos tipo bocashi, cultivo de microorganismos nativos, té de compost, lombricompost y demás biofertilizantes “rejuvenece” microbiológicamente los suelos sin removerlos.

Hay mucho por descubrir y mucho por recuperar de otras culturas. Yo siempre con mi granito de arena.

 

 

 

 

 

 

 

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