Cualquier árbol tiene unas necesidades de humedad en el suelo: lluvia en un principio y, más tarde, reservas de agua en el subsuelo, junto a sus raíces. Los campos de frutales de secano se han situado tradicionalmente en terrenos donde la escasa pluviometría no permite, en realidad, su establecimiento. ¿Cómo? Mediante la labranza y los aterrazamientos. Se abre el terreno tras las primeras lluvias de otoño para que el agua entre y cale en profundidad. Se mantiene el terreno libre de hierbas para eliminar competencias. Tras las lluvias de primavera se “cierra” la superficie del suelo con una labor fina para evitar la evaporación del agua llovida.

Este es el truquillo que ha permitido la gran extensión de monocultivos  por zonas con lluvias insuficientes aunque, ecológicamente, no les corresponden: olivos, vides, almendros  sobre todo. Cuando se abandona un olivar, rápidamente degenera y la mayoría de los árboles mueren por falta de agua.

¿Qué podríamos hacer con uno de estos olivares en regresión para establecer una vegetación autosuficiente y productiva? Parto de la base de que  un terreno en el que crecen olivos de secano gracias al laboreo, es muy capaz de alojar otros árboles, incluso olivos, siguiendo fases de tipo ecosistémico.

Lo primero es observar la vegetación que prospera sin ayuda, para utilizarla como pionera en las primeras fases de nuestra plantación. En estas primeras fases me gusta más utilizar vegetación local de resultado seguro, antes que acudir a los listados de plantas y a los viveros. En una loma orientada al sur se encuentra nuestro olivar:

 

Cualquier modelado del terreno para retener agua y suelo será muy beneficioso: terrazas, surcos o zanjas según las curvas de nivel, etc. respetando al máximo los árboles y arbustos. También será conveniente un estercolado con los materiales disponibles.

Si realizamos una última labranza podemos sembrar en otoño mezclas cereal/ leguminosa como cebada, veza, etc. En este caso no es necesario, porque ya crecen muchos arbustos.

Está claro que hay que preparar un vivero con piñones y bellotas de coscoja. Sembraremos también semillas en el sitio definitivo y los arbolitos obtenidos en el vivero se plantarán debajo y junto a los olivos existentes. Podríamos probar, además, con algunas plantas de pino piñonero de vivero y con bellotas de melojo y encina de zonas cercanas. En una primera fase estas serán las plantaciones más abundantes.

Pero: observamos que crecen más cosas al abrigo de los olivos: arbustos como los rosales y espino negro, mientras leguminosas arbustivas como las retamas ya comienzan a colonizar los espacios abiertos. Muy buenas señales.

Plantaremos en estas zonas más abiertas semillas y plantas de retamas y aromáticas, al abrigo de las ya existentes.

Podemos acolchar con diversos materiales o segar  y dejar como mulching (chopear) en primavera las herbáceas que crecen en torno a nuestros arbolillos jóvenes. No se corta o arranca NADA, salvo estas siegas muy localizadas. Intentaremos salvar algunos olivos que se encuentran en mejor estado: para ello iremos chopeando en primavera las herbáceas de la zona de las raíces y ayudándolos con estiércol cuando sea posible.

Tras unos años (cuatro-seis) los olivos mueren en su mayoría. Conservaremos algunos pinos y encinas pioneras, comenzando a plantar arbustos y arbolado más delicado en las zanjas y lugares dejados por los olivos muertos (sin arrancarlos). En este caso apuesto a que podremos plantar, incluso, olivos nuevos.

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