Estoy leyendo el libro de Agustín Remesal “Un banquete para los dioses” Comidas, ritos y hambres en el Nuevo Mundo. Recoge un montón de información procedente de manuscritos indios (aztecas, mayas e incas) y de relatos de frailes y conquistadores en los primeros momentos de la llegada de los españoles a América.

En este libro encontraremos valiosa información sobre el choque entre ambos mundos desde los puntos de vista de la agricultura, pastoreo, alimentación; cómo los españoles intentaron, y muchas veces consiguieron, trasladar sus prácticas agrícolas, sus plantas cultivadas y sus alimentos al Nuevo Mundo y todo lo que importaron desde éste hacia Europa.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Valle de Chilca en Perú

Uno de los numerosos datos interesantes que contiene se refiere al Valle de Chilca. Según el manuscrito inca:

“Nunca llueve en el Valle de Chilcha. Ni ríos, ni arroyos, ni acequias cruzan aquellas tierras.(….).El Gran Inca toma arado de oro para quebrar la tierra. Traen luego del mar cantidades ingentes de sardinas, cuyas cabezas, orladas por el rocío de la mañana, ponen junto a los granos del maíz: una cabeza y una semilla en el mismo hoyo. Runa Camac, creador del hombre, manda la lluvia a otros lugares, nunca al Valle de Chilcha. Pero el maíz brota allí frondoso y sus granos tiernos de nichica sara son la primicia de la cosecha, que es ofrecida a pachacama en recipiente de oro cuando el sol alarga su carrera.”

Parece que este valle es, en efecto un desierto, actualmente regado artificialmente en algunas zonas (copio de una web de turismo):

A diferencia de otros valles del país, el Valle de Chilca se caracteriza por ser árido y por además no presentar un flujo de agua permanente. A causa de la escasez de agua superficial en el territorio es que proyectos recientes han investigado la ubicación de cursos de agua subterráneos que permitan su captación y aprovechamiento.
El valle de Chilca ocupa una extensión aproximada de 5, 870.7 hectáreas, de las cuales poco más del 50% gozan de irrigación. La ubicación que tiene el Valle de Chilca, hace que el territorio presente las zonas de vida de Desierto Desecado Subtropical, Desierto Superárido Tropical, Desierto Perárido Premontano Tropical y Desierto Perárido Montano Bajo Subtropical.
Se sabe que el valle fue habitado por los Lapas entre los siglos III y IV d.C., este hecho se sustenta, en una antigua práctica de irrigación, que todavía en nuestros días sigue presente, y que consistía en aprovechar un torrente de huayco que venía al lugar cada año, y que permitía la excavación en el desierto territorio del valle, para así llegar a profundidades de entre 2 a 6 metros donde era posible alcanzar la humedad de las filtraciones subterráneas.

No está muy claro en el libro, pero parece que la agricultura precolombina no utilizaba el estercolado igual que nosotros, entre otras cosas porque sobre todo mayas e incas eran muy vegetarianos comparados con los europeos; y más dedicados a la caza que a la ganadería. Otra cosa que no queda clara es cómo regaban el maíz en ese desierto, porque es una planta que necesita mucha agua.

Total, ignoro todo sobre este tema de modo que si alguno de mis amables lectores americanos quiere añadir datos será muy bienvenido.  De momento pienso enterrar la cabecita de sardina junto a las semillas de maíz en mis bancales, porque yo tampoco uso estiércol.

 

Tweet about this on Twitter0Share on Facebook0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someonePrint this page