Cinco temporadas ya, cultivando una pequeña superficie de unos 800 m2 sin mover la tierra ni siquiera con laya. En este blog he venido publicando muchas de las infinitas observaciones realizadas, que me parecen significativas en comparación con el cultivo tradicional con labranza de hortalizas. La mayoría han sido sorpresas también para mí. Poco a poco he ido sistematizando y contrastando el método hasta llegar al diseño de bancales que terminan este verano su ciclo productivo.

En el caso de tomates, pimientos y berenjenas este ha sido un año definitivo, porque veo con mucha más claridad que su cultivo es no sólo posible con labranza cero, sino muy competitivo.

Los principios del cultivo que realizo son:

  1. -No labranza.
  2. -Bancales a nivel del suelo, con una somera labranza inicial y estercolado. Sin enterrar troncos ni otros materiales putrescibles.
  3. -No pisoteo.
  4. -Segar todas las plantas, cultivadas o no, dejando las raíces que se pudran enterradas.
  5. -Los bancales se dedican siempre al mismo cultivo, año tras año, sin rotaciones ni descansos.
  6. -Permito el crecimiento de adventicias (excepto gramíneas y otras que parezcan demasiado invasoras) y utilizo el terreno también para cultivar otras hortícolas secundarias.
  7. Todos los restos vegetales quedan en el suelo, excepto los muy grandes que se trocean y van al compost. En el compost se añaden restos de cocina. El compost se va añadiendo en superficie procurando que le dé la sombra.
  8. -Los cultivos secundarios que ocupan el terreno en los bancales de solanáceas y que, hasta el momento me han dado mejor resultado, son: cebollas, ajos, puerros, lechugas, escarolas, zanahorias y habas.
  9. -Las experiencias con leguminosas acompañantes, como judías de mata baja, guisantes, lentejas o garbanzos no han dado buenos resultados: mejores en los primeros años.
  10. -Aporte de biofertilizantes (ver categoría) en las mangueras de riego y con regadera al principio de los cultivos.
  11. -Aporte de pequeños golpes de estiércol de gallina y conejo en el hoyo en el momento de la plantación. Gasto total de estiércol sólo este último año (en los 800 m2): 25 kg en otoño en superficie, quince kilos en algunos hoyos de plantación y otros veinte kilos en el biodigestor.
  12. -No utilizo pesticidas ni controlo las plagas ni enfermedades. Permito la presencia diseminada de plantas huésped con enfermedades e insectos y ácaros en sus hojas, para favorecer la presencia de parásitos y predadores.
  13. – Esta temporada he utilizado por primera y única vez suero de bacterias lácticas en aplicación foliar a principios del verano, como equilibrante de hongos y ácaros. (Ver categoría biofertilizantes).
  14. Utilizo cócteles de variedades tradicionales que voy renovando cada año con las mejor adaptadas a los bancales.
  15. -Cultivo intercalado de orégano, tanaceto, menta, caléndula, salvia, llantén, plantas de orilla en la charca, etc.
  16. Riego con mangueras porosas, dos por bancal.
  17. Hay que hacer semilleros de casi todo (no de habas, puerros, acelgas, borrajas), para adelantar, pero el plantel autosembrado se utiliza también repicándolo cerca para rellenar y alargar temporadas.
  18. -No podo.

Cuatro años de bancales de solanáceas

Este es un esquema de dos posibles bancales de solanáceas a lo largo del tiempo (los bancales discurren de izquierda a derecha):

Bancales de solanáceas

Primer ejemplo de bancal en la primera fila de izquierda a derecha y segundo ejemplo de bancal debajo, segunda fila de izquierda a derecha. Suponemos que discurren dos mangueras de goteo por los lados de cada bancal.

Otros caracteres del cultivo permanente.

  1. Ciclos mucho más suaves que los del cultivo con labranza: entrada en producción tardía (esto es algo dudoso porque sólo utilizo variedades tradicionales, de ciclos más largos y frutos más tardíos), cosechas escalonadas, mayor duración del periodo productivo (las plantas no se agostan), menos producción punta.
  2. No hay rajado de los tomates, muy poca incidencia de enfermedades, ácaros, “asolanados”, no actúan los cortadores de raíces y (palabra de honor) los topos o topillos parece que sólo comen alguna cebolla y zanahoria.
  3. El cultivo parece que se complica pero creo que, en realidad, es mucho más sencillo. Nos olvidamos de sucesiones y rotaciones, incorporaciones de abono en épocas de barbechos. Toda la materia orgánica en superficie y cada cosa la vamos a buscar siempre al mismo sitio.
  4. Todo el terreno está siempre muy aprovechado.
  5. -No transportamos apenas estiércol y nada de paja o acolchado. Todo se recicla en el propio huerto. No se quema nada.

Algunos hortelanos ecológicos amigos me argumentan siempre lo mismo: la tierra tiene que descansar. Al principio éste era uno de los puntos que yo más dudaba. ¿iría bajando el rendimiento desde el primer año con algo de labranza y estercolado? ¿se va a ir compactando el suelo sin remedio impidiendo el crecimiento de las nuevas raíces?

La primera quincena de agosto comienzan a madurar los tomates. No sé si habrá sido el suero aplicado, pero las plantas de tomate se ven muy sanas y, desde luego, mucho más que muchas de las vecinas. A estas alturas los agricultores ecológicos (no digamos los que usan pesticidas y otros venenos) ya han aplicado varios tratamientos: azufre, caldo bordelés, jabón potásico, maceraciones de ortigas y decocciones de cola de caballo.

El suelo sin labranza no tiene el aspecto y textura granulosa/ pulverulenta del labrado. Es más bien como un queso, lleno de grandes agregados y agujeros. Cada año se hace más orgánico y más autosuficiente. Muchas hortalizas son muy dependientes de estiércoles y aportes de nitrógeno poco descompuesto, pero esto parece que se puede suplir fácilmente y con pocas cantidades sin mover el terreno. Así son las cosas.

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