Llevamos desde los años cincuenta del siglo pasado envenenando nuestras aguas y suelos  con fertilizantes, herbicidas y nematicidas, nuestros cultivos con insecticidas, fungicidas y demás biocidas tóxicos. Ello responde a una concepción del mundo y de las relaciones entre los seres vivos que  ya vamos dejando atrás.

Parece que se inventaron la protección integrada (limitación máxima de la lucha química), la lucha biológica (utilización del antagonismo en las relaciones entre especies) , lucha preventiva (creación de variedades resistentes), etc. Todo es mucha lucha. Y con razón porque viendo un campo de cultivo desde una óptica ecológica es absolutamente natural que se llene de una cantidad tan abundante y monoespecífica de parásitos como alimento uniforme y abundante supone ese campo en el ecosistema. Sólo a base de toxicidad podremos disuadir a otros organismos vivos de que cumplan con su obligación: consumir ese exceso abrumador y localizado de nutrientes. La humanidad se alimentaba, hasta el XIX, de esfuerzo y mano de obra humanas y desde entonces se alimenta de petroleo para la labranza y de toxicidad para preservar en una burbuja nuestros cultivos. Las enfermedades fúngicas se ceban cada día más en nuestros cultivos y son necesarias nuevas moléculas fungicidas, ya que las plantas no están ubicados en sus condiciones ecológicas propias (cada vez nos alimentamos de menos variedad de plantas y más clones). Esas plantas desubicadas son pasto de las enfermedades, como no podía ser de otra manera. Pocas empresas multinacionales monopolizan la producción mundial de semillas modificadas genéticamente. Se evita la reproducción sexual creando clones que buscan resistencias y homogeneidad: el resultado es la multiplicación geométrica de virosis, enfermedades bacterianas, nematodos, etc que obligan a desarrollar nuevos clones.

-Entonces ¿Cómo dices tú que podríamos producir el alimento suficiente para la creciente humanidad? Pues eso sólo lo contesto en privado o delante de mi abogado.

La única manera de producir alimentos sanos, sin tóxicos ni vertidos contaminantes, y sin gasto de petróleo, es que los produzcan ecosistemas por nosotros. Esto creo que se puede hacer de muchas y locales maneras. Entonces, los integrantes de nuestros agro-silvo-ecosistemas ya no tienen que ser vistos como gladiadores aburridísimos en continua lucha, sino como nudos en las redes cuatridimensionales (con el tiempo) que forman nuestro ecosistema. Las cosechas serán uno más de los elementos pero tendremos que cuidar todos ellos y sus relaciones mutuas.

Esto no nos tiene que convertir en cazadores-recolectores, sino que debemos aplicar criterios científicos y técnicos para gestionar los ecosistemas productivos.

Gracias a Dios yo no tengo, a estos efectos, más que la pequeña responsabilidad de mi huerto permanente y de contaros lo que voy observando en él.

El objetivo de este huerto experimental es comprobar en la realidad todas esas consejas que nos calientan los oídos. Por mi simple curiosidad y gozo de ver los resultados.

¿Cómo he buscado en este huerto crear un miniecosistema que se autorregule para que no haya ataques inasumibles a las plantas cultivadas?

-He creado la mayor variedad posible de ambientes: bancales no contiguos de cultivos iguales, introducción de arbolado dentro y en el perímetro, charca silvestre…

-Biodiversidad a tope, dando siempre preferencia a las plantas que se van aclimatando y descartando las que no se adaptan.

-Utilizo variedades tradicionales de hortalizas y frutales (en principio más vulnerables a enfermedades y plagas), que voy probando y seleccionando.

-Crear alojamientos para predadores y polinizadores, dejar plantas atacadaso enfermas en el campo y en el suelo  y permitir la vegetación silvestre siempre que sea posible (es la más barata y adaptada).

-Repetir los cultivos siempre en los mismos bancales y lugares para fomentar los ciclos naturales y la adaptación de plantas y animales al entorno.

-Permito la presencia de topos, pájaros, ratoncillos, saltamontes y orugas defoliadoras, etc hasta que los daños sean inasumibles (aún no ha ocurrido).

-No utilizo tratamientos “tipo lucha”.

A mí me parece emocionante contemplar cómo, en cuatro años, este pequeño trozo de tierra es capaz de producir alimentos de calidad sin ayuda de fitosanitarios ni agrotóxicos. Más que de sobra.

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