Cata es la dueña de este precioso huerto en Cuenca. Ya ha cultivado en otros lugares y siempre lo ha hecho de esta forma: sin mover el suelo. Este huerto sólo tiene unos meses de existencia. Las plantas se van colocando según la inspiración del momento, sin rotaciones. Nos comenta la hortelana que ha contrastado durante algunos años la afición de las solanáceas por disfrutar de la repetición en los mismos bancales.

Los cultivos comestibles se mezclan alegremente con flores y aromáticas, consuelda, tagetes, caléndulas, espliego…La preparación de los bancales se ciñe al modelo bancal profundo: preparar los caballones acumulando la tierra que vamos sacando de los pasos y, en el fondo de los bancales, enterrar abundante materia orgánica. Conviene enterrar materia orgánica de distintos tipos y estados de descomposición, ya que pretendemos no volver a mover la tierra. En este caso Cata sólo ha enterrado compost procedente de lombrices y, por este primer verano, los resultados son muy buenos.

A mí me sigue gustando más en nuestro clima mediterráneo, con pluviometrías escasas en verano pero aprovechables en invierno, el bancal a nivel del suelo, que permite recoger eficazmente el agua y los restos orgánicos en el bancal y no en los pasos.

Berzas perennes que me llevo para trasplantar en mi huerto. (Para mí que todas las berzas son bastante perennes, aunque con diferente resultado productivo).

Berzas perennes que me llevo para trasplantar en mi huerto. (Para mí que todas las berzas son bastante perennes, aunque con diferente resultado productivo).

Me ha dado envidia la preparación de maceraciones a base de insectos  molidos y en suspensión, porque ya había leído algo de estas técnicas biodinámicas (El Control de las plagas (hierbas, hongos e insectos) 1986. María Thun) aunque no lo he probado. Precisamente ahora tengo en el huerto una buena cantidad de orugas y chinches de las coles.

 

 

 

 

 

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He ido reuniendo en este balde orugas, chinches de las coles y multitud de ejemplares de pulgón harinoso, en este caso con las hojas. Cuando lleven un tiempo espero que se desprendan y sacar las hojas. He añadido un par de litros del biofertilizante que tengo siempre a punto: esto no lo hacía María Thun, pero creo que puede beneficiar  a la maceración la presencia de microorganismos vivos abundantes.

Biofertilizantes

En teoría hay que pulverizar y machacar los insectos pero, por esta vez he sido incapaz. Me conformo por hoy con ahogarlos, porque quieren huir paredes arriba.

En teoría hay que incinerar y machacar los insectos pero, por esta vez, he sido incapaz. Me conformo por hoy con ahogarlos, porque quieren huir paredes arriba.

Las experiencias que relata maría Thun parece que dieron resultados, aunque ella realizó las preparaciones mucho más seriamente que Cata y que yo: incineración, molienda, activación y dinamización del agua, así como control de tiempos y concentraciones. De momento yo no he aplastado suficientemente a los insectos, pero es un principio. La incineración supone carbonizar sustancias biológicas complejas, degradándolas e inactivándolas hasta su mineralización, por lo que no pienso hacerlo (con respeto a M.Thun). Podríamos teorizar sobre los fundamentos de estas prácticas biodinámicas que recuerdan a las vacunas. Unos dirán que la presencia de sustancias procedentes del cuerpo muerto de los insectos repele a las mariposas de nuevas puestas, o que es el olor lo que hace poco apetitosas para las orugas las hojas así pulverizadas. Ni lo sabemos ni podemos saberlo, así que lo mejor será probar y ver.

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