Leemos en la web de Ecology4Economy este artículo sobre la sucesión de las comunidades vegetales, desde el punto de vista de la regeneración de campos degradados por la labranza, para el establecimiento progresivo de huertos y bosques comestibles (dehesas en nuestros climas mediterráneos) permanentes.

Sucesión en permacultura

Voy a intentar encajar mi experiencia de cinco años de no laboreo en el esquema teórico sucesional descrito en el artículo. No hablaré del modelado del terreno aquí, aunque será previo a cualquier siembra.

“En un huerto de permacultivo planteado como tal para largo plazo, la sucesión progresiva arranca con la verdura anual más dependiente del nitrógeno, pasa en seguida a otra también anual aunque menos nitrófila; fase en la que pueden jugar un papel importante las legumbres y algunos cereales; y de ésta a herbáceas perennes y matas. Luego es tiempo de los arbustos y árboles frutales, que dan al ecosistema su forma definitiva como bosque de alimentos. Los plazos pueden acortarse sensiblemente si en lugar de ir introduciendo especies en temporadas sucesivas se planta todo o casi todo al principio, según un buen diseño de organización del espacio y unas previsiones de sucesión ajustadas a las condiciones del caso. También acelera las cosas la plantación de árboles pioneros resistentes y de crecimiento rápido, en patrón muy abierto, de forma que sombreen y humedezcan el lugar sin estorbar por ello a las demás plantas: En cinco o seis años el bosque comestible puede estar ya configurado, y a los ocho o diez encontrarse en producción… A medida que el ecosistema se acerca a su fase clímax la problemática se invierte, y la cuestión a resolver es cómo podríamos seguir disponiendo de verdura y otros productos, correspondientes a etapas sucesionales menos avanzadas. Esto debe preverse ya en la fase inicial del diseño: Conviene dejar claros entre el arbolado a tal efecto, así como organizarlos de forma que los árboles que enmarquen los huertos herbáceos permanentes cumplan funciones útiles para éstos, tales como sombrear parcialmente en verano, dejar pasar la luz en invierno, cortar vientos fríos en esta misma estación o sostener la productividad, aportando hojarasca que compense aquellas intervenciones degradativas que nos veamos en obligación  de realizar.”

Partiendo de un huerto convencional: Normalmente estará abonado y  tendremos un exceso de nitrógeno soluble y nutrientes  no fijados en el suelo. Por ello se dice que la sucesión progresiva arranca con la verdura anual más dependiente del nitrógeno. Pasaríamos después al cultivo de otras herbáceas anuales menos nitrófilas, incluyendo legumbres y cereales, pero también puerros, acelgas, escarolas, cebollas, borrajas, apio, etc.

Partiendo de un terreno degradado o explotado y con poca materia orgánica: deberemos comenzar sembrando anuales menos nitrófilas como leguminosas o cereales. A partir de entonces iremos construyendo un suelo vivo con abundante humus a base de aportar compost y materia orgánica, así como biofertilizantes. Otra posibilidad es comenzar aportando una capa orgánica artificial en superficie:

…será ventajoso instalar artificialmente un suelo orgánico plenamente funcional. Esto se consigue poniendo sobre el terreno una capa de paja de dos o tres centímetros y, si la tierra estuviera muy empobrecida, una capa de estiércol no muy reciente de alrededor de un centímetro de espesor entre la paja y la tierra. También suele utilizarse turba o compost para esta capa intermedia.

Bancal permanente a lo largo de una zanja de retención, según curvas de nivel algo inclinadas. Siembra inicial en otoño con leguminosas. El aporte de materia orgánica y la recogida de agua en la zanja permite cultivar en él.

Bancal permanente a lo largo de una zanja de retención, según curvas de nivel algo inclinadas. Siembra inicial en otoño con leguminosas. El aporte de materia orgánica y la recogida de agua en la zanja permite cultivar en él.

En seguida el sistema pide la introducción de herbáceas perennes y pequeños arbustos, que van aclimatándose: menta, espárragos, alcachofas, cardos, judías, coles, aromáticas y otros silvestres. Por último arbustos y árboles frutales. Estas etapas teóricas pueden resumirse desde el principio diseñando un espacio para cada una de ellas y con sucesiones;  perennes, arbustos y árboles permanecen fijos en el sitio definitivo, por lo que podemos fracasar al intentar establecerlos desde el principio. Es muy importante instalar una estructura de arbolado que aporte nutrientes desde el subsuelo, sombra y cortavientos en un primer momento, antes de establecer especies perennes más delicadas. Es descriptivo en este sentido el diseño de algunos paisajes agrícolas tradicionales que creaban capas en altura con criterios plenamente permaculturales: El parmeral de Elche: permacultura andalusí.

El palmeral de Elche II

¿Y las hortalizas convencionales (solanáceas, cucurbitáceas, repollos, etc) que son nitrófilas en su mayoría y no crecen bien en suelos ricos en humus y bien estructurados, sino en los muy sueltos?¿Dónde las metemos? Parece que habrá que establecer una rotación localizada <plantas nitrófilas/leguminosas o no exigentes> en un determinado espacio que reservaremos y no permitiremos evolucionar. ¿No permitiremos evolucionar ese suelo, labrando? ¿O iremos colonizando claros entre el arbolado durante tres o cuatro años para trasladar ese huerto de nitrófilas de un sitio a otro? También podríamos no comer esas hortalizas y cereales que, parece, son algo tóxicos (un tipo de dieta paleolítica). Es importante tratar el lugar itinerante de modo que quede en mejores condiciones de biomasa mediante el riegos, abonados o animales y acolchados.

“En dehesas esteparias o sabanas forestales semiáridas y secas, es posible realizar cultivos itinerantes de hortalizas, cereales y legumbres de invierno en secano, y también de verano si se dispone de suficientes recursos de riego. Las siembras se hacen mediante métodos e instrumentos que no remuevan el suelo después de haber segado a ras los herbazales espontáneos y, en caso necesario, haber podado los matorrales existentes. Los materiales así obtenidos que no sean directamente aprovechables se emplean para cubrir el suelo y, en su caso, mejorar el rendimiento del riego. Éste no sólo facilita los cultivos de temporada, también contribuye al desarrollo y producción de los árboles y arbustos frutales que ya ocupasen el lugar, así como de otros que hayan sido plantados para la ocasión, de forma que una vez que se haya extraído cosecha durante una o dos temporadas, y se de por acabada la intervención para ir a hacer algo parecido en otro emplazamiento próximo, el lugar quede en mejores condiciones de biomasa y producción.”

Una solución al cultivo localizado de nitrófilas en el seno de dehesas y bosques comestibles es la utilización periódica de ganado que explote el sistema comiendo herbáceas y matas perennes, abonando al tiempo ese espacio. Se crean así las condiciones para un huerto de hortalizas amantes del nitrógeno.

¿Qué hice y estoy haciendo yo en mi huerto sin labranza desde ya hace cinco años? ¿Qué he observado de esta cuestión de la sucesión?

  • Comencé en dos terrenos separados (El Val y La Fresneda) que habían sido huertos tradicionales durante años, pero abandonados hace tiempo. No había vegetación nitrófila a la vista (Poligonum, Sonchus, Chenopodium, Rumex, zanahorias silvestres, achicoria…). Comencé sembrando centeno y cebada, así como veza en otoño en la superficie principal. En primavera segué y acolché comenzando las plantaciones. De modo localizado fuí preparando pequeños bancales en caminos y márgenes mediante un modelado del terreno para recoger agua de lluvia y acolchado abundante.
  • Asumiendo que la estructura previa de frutales (granados, ciruelos, higueras, boj, salvia, parras, membrillero, laurel….) y arbustos de estos huertos tradicionales ya era un esqueleto suficiente para ir “anclando” arbustos y perennes diseñé algunos bancales fijos de espárragos, groselleros y frambuesos. Al tiempo, las alcachofas, junto con más espárragos y frutales ocuparon una terraza que llamo “bosque comestible mediterráneo” porque no tiene riego disponible. En aterrazados y zonas sin agua fui  plantando aromáticas. De modo que desde un principio fui plantando perennes y arbustos en bancales. Los árboles estaban ya en el perímetro y los frutales fueron añadiéndose a partir del segundo año, en el bosque de secano y en los bordes, no en los bancales intensivos.

 

 

 

  • La primera primavera sembré abundantes guisantes, habas, lentejas, garbanzos y tirabeques. Lentejas y garbanzos fueron mal ya el segundo año. Los primeros dos años fueron bien los guisantes y tirabeques, pero fueron empeorando hasta que ahora ya no los siembro en los bancales. Las habas han dado buenas producciones y muy sanas; se han asilvestrado y no las tengo que resembrar, lo hacen solas. Claramente las leguminosas (excepto las habas) no se dan ya bien en los bancales intensivos.
  • Los bancales intensivos de frambuesos y espárragos se han mostrado como invasivos, sobre todo los frambuesos que, hasta el momento, habían fracasado en esta zona con labranza, por lo calizo del terreno. Este otoño voy a levantar los bancales de frambuesos del huerto intensivo y los voy a llevar a una zona aislada con riego de pie: el huerto intensivo se convierte en cuatro años en un campo de arbustos y árboles: frambuesos, espárragos, cornejos, almendros, ciruelos, granados, vides, higueras…que germinan en los bancales.
  • Como estas pistas me daban idea de la vocación hacia las leñosas de los bancales, he plantado en ellos un acerolo y voy a trasladar los frambuesos para hacer más sitio. También he obtenido plantones de semilla muy fácilmente en hoyos con una contención de plástico que hice en los bancales:

     

  • Como no tengo, de momento, animales utilizo biofertilizantes a base de microorganismos obtenidos en mi propio compost  de herbáceas o de algo de estiércol de conejo y oveja. También preparo maceraciones de herbáceas: equisetos, cenizos, hortigas, etc. Los microorganismos que prosperan en este tipo de sustratos son diferentes a los que viven a expensas de leñas y hojas de leñosas. Espero, de este modo, poder ir rejuveneciendo los bancales para que no sean tan propicios al crecimiento de árboles.
  • He comprobado que hay hortalizas que no son nitrófilas en absoluto y prosperan cada año mejor en los bancales maduros: tomates, pimientos, puerros, acelgas, borrajas, ajos; las cebollas, maíz, calabazas, calabacines, berenjenas, necesitan, simplemente, un golpecito de estiércol en el hoyo antes de su trasplante.
  • No hago rotaciones de cultivos: cada bancal se dedica siempre al mismo cultivo principal y convive con espontáneas en invierno y otros cultivos secundarios que son los mismos para todos los bancales.
  • Este último verano me he atrevido con la especie de judía perenne Phaseolus coccineus (ayocote) y parece que se ha desarrollado bien. Veremos el siguiente.
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