El azafrán (híbrido de Crocus sativus L.) es un cultivo tradicional cuya recolección, secado y procesado en general, se hacen a mano y de forma artesanal. No ha evolucionado desde hace siglos. La calidad del azafrán español es la mejor, claro, aunque su precio es muy elevado por el coste de la mano de obra.

Pensando en su nicho ecológico, obviamente sin labranza, el azafrán necesita condiciones inversas a las de los céspedes: o bien inviernos secos y/o  muy fríos (hasta -15/20ªC), acompañados o no de veranos secos y cálidos.

Después de la floración, en noviembre, comienza el lento desarrollo del bulbo. Durante el invierno se produce una competencia muy fuerte con herbáceas perennes, sobretodo gramíneas, que compartan espacio. A finales de marzo el crecimiento y evolución de ese bulbo requieren agua en el terreno, por lo que agradece las lluvias en este tiempo. A finales de abril los bulbos están completamente formados y la parte aérea de la planta se seca. Es en ese momento cuando se sacan de la tierra y se guardan para una nueva plantación. Si se dejan en el terreno, sufren de nuevo la competencia de las herbáceas perennes que compiten con el azafrán, parece que de forma excluyente (planta acompañante en matorrales de labiadas, cistáceas y leguminosas leñosas), según observaciones realizadas por el equipo de  Ecology4Economy

Parece que en condiciones de aridez, secano y altas temperaturas, se beneficia de algún aporte hídrico durante el verano, soportando muy altas temperaturas (35-40ªC).

Los campos labrados de azafrán, por todo ello, se deben mantener libres de hierbas y se levantan completamente cada tres años, pero la planta es perenne.

Hace tiempo que me gusta la idea de cultivar azafrán en condiciones dirigidas, aunque no completamente silvestre, porque es evidente que en jardinería se utilizan muchas bulbosas que crecen de modo dirigido en praderas naturales ornamentales segadas en momentos determinados: otros Crocus, los narcisos, nazarenos, (gro. Muscari), jacintos silvestres, iris, tulipanes, etc.  En general estas bulbosas se multiplican solas y conviven precisamente con céspedes y riego, a diferencia del azafrán, del que ya he explicado las necesidades medioambientales.

Mi terrenito está en la provincia de Guadalajara:

Climograma de la provincia de Guadalajara (España) donde se muestra una pluviometría anual de alrededor de 400mm repartidos entre la primavera y el otoño.

Climograma de la provincia de Guadalajara (España) donde se muestran una pluviometría anual de alrededor de 400mm repartidos entre la primavera y el otoño y las temperaturas medias.

A finales de mayo del 2015 planté diez bulbos de azafrán (son muy caros) en un terreno sin riego. Esa zona está plantada con pistacheros, un azufaifo, granados e higueras. Ese primer verano 2015 el azafrán recibió algo de riego procedente de aportes extra dirigidos a los pistacheros recién plantados. La pradera no se llegó a secar completamente e invadió la zona. No segué (por olvido) y las altas hierbas secas dominaron hasta el otoño. En otoño del 2015 aparecieron cinco plantitas ( cinco bajas pues) de azafrán, pero sin floración. El azafrán es una planta de día corto: necesita más de doce horas de oscuridad mínima. Pero no tengo ni idea del motivo por el que mis plantitas no florecieron; supongo que la mitad de ellas perecieron debido a la competencia con la pradera de gramíneas que encontraron las condiciones idóneas gracias al agua extra.

Durante el verano 2016 no hubo aporte extra de agua a los pistacheros ni, por tanto, al azafrán. En agosto segué la hierba seca y escasa. En noviembre aparecieron estas hermosas flores entre las herbáceas tras las primeras lluvias:

 

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¡Cinco, han sobrevivido todos!

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Los polinizadores son un no parar: les encantan estas florecillas.

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Casi no me dejaban los abejorros hacer la foto

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Mi exigua pero casi silvestre cosecha.

Si llueve mucho y seguimos con este otoño no muy frío, esto puede perjudicar a mis azafranes y beneficiar a las gramíneas, aunque parece que el frío ya está entrando. En primavera habrá que valorar si segar o no, ya que el bulbo necesita algo de agua en marzo, pero cortar a una altura que respete las plantas de azafrán. Yo no segué en primavera, probablemente porque el frío invernal impidió que la pradera fuera excesiva. El próximo verano no recibirán riego y antes de las primeras lluvias otoñales habrá que dar la segada anual al rape.

En resumen: parece que en mis condiciones podría cultivar azafrán de forma convencional con labranza y levantando la plantación cada tres años. Parece también posible que en años con inviernos bastante fríos, como vienen siendo salvo cambios climáticos, la competencia de la pradera de gramíneas no va a impedir el establecimiento de plantas de azafrán. La única tarea será la siega otoñal.  Lo que está por ver en próximos años es si puedo ir extendiendo el espacio ocupado por subdivisión de los bulbos formados en mayo-junio y enterrándolos cerca inmediatamente.

El cultivo dirigido de bulbosas sin labranza consiste en segar en los momentos adecuados y multiplicar mediante replantado de los bulbos subdivididos.

Pues veremos.

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