La terra preta es un tipo de suelo extremadamente fértil que aparece en diversos lugares de la cuenca del Amazonas. En estas zonas tropicales húmedas los suelos, en general, son pobres en nutrientes y tienen un bajo potencial de retención. Sufren una degradación y oxidación de la materia orgánica y un lixiviado de nutrientes que impiden el desarrollo de agriculturas capaces de sustentar civilizaciones. Curiosamente, en esos suelos lavados de nutrientes crece la selva tropical. Leo en la internete:

1. En el bosque amazónico los nutrientes se encuentran en su mayor parte en la biomasa (plantas y animales) y no en el suelo. “ (Son muy ácidos y no retienen nutrientes)

“2. Las plantas arbóreas tienen una alta capacidad de recapturar los nutrientes provenientes de la descomposición de la materia orgánica por las raíces superficiales y la participación de hongos (Mycorrhiza). Este sistema es de alta eficiencia y permite la conservación de los nutrientes en el ecosistema. (Yo creo que esta capacidad la tienen todas la plantas, de modo que existe un equilibrio entre los nutrientes circulantes en la biomasa viva y en el humus estable y los procesos de asimilación de nutrientes por las raíces, disueltos en la solución del suelo procedentes de mineralización.)

“3. En consecuencia, cuando se destruye el bosque (tala y quema) los suelos producen por un corto periodo (2 a 3 años) y pierden su fertilidad, porque es interrumpido el reciclaje de los nutrientes y los que existen (cenizas y materia orgánica) son lavados por las intensas lluvias.” (En  nuestras agriculturas mediterráneas del laboreo, se interrumpe igualmente este reciclaje perfecto en el que son protagonistas los microorganismos del suelo, al remover la tierra y mineralizar la materia orgánica. Por ello ésta debe ser repuesta continuamente.)

Localización geográfica de los principales yacimientos de “Terra Preta” descubiertos en Brasil. Son los testigos de un antiguo imperio amazónico preinca

Los arqueólogos, geógrafos, agrónomos y antropólogos, están de acuerdo: las terras pretas fueron creadas por habitantes de la cuenca fluvial, una importante civilización precolombina con una agricultura muy desarrollada. Estas agriculturas precolombinas no laboreaban, según testimonio de misioneros y conquistadores; además no tenían bestias de carga. Las tierras parece que fueron abandonadas después de la invasión de los europeos, que llegaron con su laboreo y sus prácticas de tala y quema.

El horizonte orgánico en ellas puede llegar a los 2 metros de profundidad y no es menor de 50 cm. En él se encuentra el suelo original, carbón vegetal, fragmentos de cerámica, residuos vegetales y animales (huesos, espinas, conchas, estiércol…) y micro y macro organismos variados. Muy interesante la presencia de cerámica que se cree tenía un uso agrícola: los objetos cerámicos se usaban para el riego de formas que no conocemos (pero sospechamos ).

 

El secreto reside en el complejo conjunto de elementos pero, parece, que el carbón vegetal es básico: procede de procesos de carbonización (combustión lenta e incompleta a bajas temperaturas y con poco O2). El carbón vegetal  tiene porosidad para retener el agua, y alojar microorganismos y nutrientes: además conserva en zonas internas nutrientes que se pierden en la combustión normal y permiten alimentar la microbiología. La presencia de este carbón parece que impide la degradación de la materia orgánica y la lixiviación de nutrientes que ocurre en estos suelos ácidos amazónicos.

Los indígenas extraen y venden estas tierras negras y han comprobado que se regeneran fácilmente si se respetan unos 20 cm de profundidad. Esto me gustaría verlo. También he leído que se han hecho intentos de reproducir estos procesos y crear tierra preta con tecnologías modernas, sin conseguirlo. La fertilidad declina a los tres años.

Como podéis ver estas tierras son muy interesantes para nuestros problemas actuales de pérdida de fertilidad y reconversión desde una agricultura chutada de fertilizantes de síntesis. La cuestión es que me recuerdan los famosos “hormigueros” que se realizaban hasta el s.XX en zonas catalanas y valencianas, y también en países de Europa central.

Los hormigueros se construían con fines de fertilización y de desinfección de los suelos, sobre todo en cultivos perennes, como viñas y frutales. El sistema es muy semejante al empleado para fabricar carbón vegetal, por lo que a veces se solapan las funciones y los usos de las leñas. Esto lo cuenta muy bien D. Claudio Botelou en sus Elementos de Agricultura; también los  estudiaron agrónomos catalanes como C. Mestres en 1949:

“Se preparan colocando en el terreno, a distancias variables de 3 a 5 metros como promedio, unos pequeños montones de leña que se cubren forrando una primera capa de terrones gruesos. Encima de éstos van otros de tamaños decrecientes, siendo cubiertos al final con otra capa de tierra fina. Se deja una abertura en la parte superior por donde se prende fuego. A través de los terrones tiene lugar un tiro de aire que facilita la combustión. Esta se realiza muy lentamente y dura más de un día. La costumbre ha establecido deshacer el hormiguero no de una sola vez, sino en dos etapas: en la primera se descabeza, es decir, teniendo el hormiguero la forma entre cónica y semiesférica, se le deja en un tronco de cono de base más ancha, repartiendo por los costados la tierra próxima al vértice. Para la segunda fase se espera una lluvia, después de la cual tiene lugar el reparto de la tierra, que mezclada con un poco de estiércol, si lo hay, se considera un buen fertilizante. Se construían pequeños, de medio m3, cuando se confeccionaban anualmente. Para arbolado se preparaban de dos m3. Es creencia general que en los hormigueeros hay tres clases de tierra: la más interna en la que la combustión fue intensa, rojiza y reseca; la intermedia que parece ahumada, en la que la combustión ha sido moderada; y la exterior, similar al terreno circundante. Se considera que la segunda, de color oscuro, es la mejor en fertilidad, luego la del centro y, por último, la exterior.” No lo dice, pero la tierra utilizada tenía que estar húmeda.

Se describe su valor como “desinfectante”, eliminación de malas hierbas y tierra más suave. El rango de temperaturas alcanzado en las distintas capas de tierra sería variable, sin llegar nunca a una esterilización del terreno. En las capas de tierra donde la temperatura oscila alrededor de los 100ºC  se opera una selección de poblaciones bacterianas, favoreciendo los tipos de bacterias nitrificantes formadoras de esporas.

El fin principal era su valor como fertilizante. Parece que , sólo con el alto contenido en cenizas respecto a las concentraciones del suelo, ya supone un aumento de nutrientes; aunque esta no puede ser la causa primera, ya que para ello no hacía falta la combustión lenta. Las cenizas no parecen ser el objetivo de los hormigueros. Estas son ricas sobre todo en cationes básicos, calcio, magnesio y  potasio, elementos que no suelen ser limitantes en suelos mediterráneos. En suelos ácidos (como los amazónicos) las cenizas sí aumentarían la disponibilidad escasa de estos cationes básicos. Además se impiden las pérdidas por el viento de estas cenizas. En experiencias realizadas se ha visto que las cenizas producidas son escasas despecto al carbón: el principal elemento fertilizante era el carbón vegetal. Esto concuerda con lo que se sabe de las terras pretas del Amazonas.

Los análisis de la tierra del hormiguero, tras la combustión, resultaron en pérdidas netas de nitrógeno y de materia orgánica; aumento en las cantidades de potasio y fósforo asimilables. Los carbones sin embargo, mostraron un contenido muy alto en nitrógeno total. En cualquier caso las cantidades de nutrientes aportadas por el material vegetal quemado son relativamente pequeñas y hay una pérdida neta de nitrógeno, comparando con un compostaje. ¿Cómo fertilizan entonces los carbones? ¿Para qué se tomaban tanto trabajo? ¿Cómo podemos relacionar esta técnica con la de terra preta?

El carbón vegetal mejora las propiedades físicas del suelo y aumenta la retención de agua en suelos gruesos y la porosidad en suelos pesados. Parece que el carbón en el suelo aumenta los contenidos de nutrientes como N total, P, Ca,  k y Mg , y éstos se encuentran disponibles para la asimilación por las raíces, gracias al humus estable generado que parece es específico del carbón vegetal. El razonamiento basado en el balance de nutrientes, como siempre, se queda corto. Es la vida microbiana la respuesta. Se considera que el carbón podría ser el origen de las formas más estables de materia orgánica en el suelo. Adsorbe compuestos orgánicos en sus poros y puede mantener comunidades microbianas con tasas de crecimiento mayores que las del hunus del suelo. El secreto está en el carbón vegetal obtenido por combustión lenta y escasa de O2 y en los cambios microbiológicos que origina.

La cosa de todos modos no tiene duda: intuitivamente podemos comprender que la quema libre nos hace perder la mayor parte del valor fertilizante de los combustibles vegetales. El compostaje es menos trabajoso y, bien hecho, mantiene bastante los nutrientes, minerales y nitrógeno de los elementos utilizados. Pero, en ciertas circunstancias, como las de las selvas ecuatoriales, u otras, es bueno conocer este valor del carbón vegetal que fomenta una poderosa vida microbiana estable y fértil, aunque no sepamos aún exactamente cómo.

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