Desde el principio de mi aterrizaje en la huerta me ha gustado esta lechuga, creo que por el nombre tan bonito que tiene. En este pueblo, Pastrana, esta es la lechuga más famosa y apreciada, de invierno. Hay otra que llaman de verano y que no es tan especial por su sabor y textura como esta morondilla de invierno. Conseguí la semilla hace ya años y me advirtieron de que está muy “bastardeada”. Esto quiere decir que se ha hibridado con otras lechugas diferentes, ya que se cultivan aquí todo tipo de lechugas comerciales.

La semilla es muy oscura, casi negra y eso la diferencia de todas las otras lechugas que yo conozco. Ese tema de la hibridación, muy bien puede ser, aunque yo no lo he apreciado: son lechugas muy diferentes y se distinguen perfectamente. Cultivo en invierno, al mismo tiempo, la escarola de Mondéjar, que no es una lechuga, sino una escarola.

Hay que semillarla en otoño, tras los calores y debe trasplantarse a tiempo para que haya enraizado antes de las heladas fuertes. Aquí suelen ser en febrero/marzo. Están listas en primavera, abril/mayo. Luego conviene dejar unas pocas plantas buenas, bien formadas y recoger las semillas.

Otras lechugas comerciales se asilvestran mejor en este huerto permanente: aparecen pequeñas lechuguitas en muchos lugares y se van trasplantando a los huecos de los bancales. La morondilla sólo ha aparecido, hasta  ahora, dentro de los invernaderos donde dejo alguna planta madre.

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