Ya sabemos que las leguminosas son plantas imprescindibles por su papel como fijadoras de nitrógeno atmosférico en rotaciones de agricultura ecológica, pero su uso es aún más fundamental en cultivos de tipo permanente: bancales sinérgicos o permanentes y terrenos del tipo bosque comestible.

La judía (Phaseolus sp.)  es una de las leguminosas comestibles más conocidas y extendidas. Los pueblos precolombinos de mesoamérica domesticaron cinco especies de las cincuenta y cinco que se conocen de este género: Ph. vulgaris L. (judía común), Ph. coccineus L. (ayocote, haricote de España),  Ph. acutifolius Asa Gray (tépari), Ph. lunatus L. (garrofón en España), Ph. polyanthus Greenman (fríjol cacha).  Pueblos enteros obtuvieron sus proteínas de este cultivo y del maíz, ya que no comían  animales.

Al mismo tiempo, antes del descubrimiento, en Asia y Europa se cultivaba otro tipo de judía:  la judía carilla del género Vigna.

La judía común en cultivo permanente, según mi experiencia, autosemilla bien y vuelve a germinar procedente de esas semillas atravesando gruesos acolchados con facilidad. Pero en zonas con inviernos muy fríos estas plantitas tienden a morir antes de llegar a fructificar, por lo que tendremos que estar bastante pendientes de volver a sembrar en primavera.

Phaseolus coccineus  L. parece que llegó a cultivarse en Europa y en España.  Me parece muy interesante para su cultivo en bancales permanentes porque la raíz carnosa rebrota durante varios años, incluso tras ligeras heladas, su grano puede consumirse verde o seco y su cultivo es plurianual. Produce flores de forma continua durante mucho tiempo (cosecha gradual)  y hay formas trepadoras muy vigorosas, aunque de ciclo bastante largo, y también arbustivas determinadas e indeterminadas. Se cultiva en zonas frescas y húmedas. Las flores son comestibles y muy atrayentes de insectos.

Planté hace dos temporadas dos bancales de judías perennes Phaseolus coccineus (ayocote) y os lo conté en esta entrada: Phaseolus coccineus

El crecimiento el primer año fue vigoroso, pero le afectaron mucho los calores veraniegos. La producción resultó tardía y escasa. Era evidente que no había dado con la variedad adecuada, para este clima. Eso sí, las plantas eran una fiesta de polinizadores.

Aún así quise comprobar que rebrotaban esta segunda temporada y , como el suelo no se laborea, esto es fácil. Esperé al comienzo de la temporada y sólo sembré golpes de maíz y calabazas.

Tardaron tanto en rebrotar las raíces enterradas, que pensé que no lo harían. Al final han rebrotado un sesenta por ciento de las plantas del año pasado.  Lo  curioso es que sembré, en esos dos bancales, judías convencionales de mata baja, pensando que el ayocote no aparecería.

Al final, en conjunto, el rendimiento de los bancales ha sido muy bueno en maíz, calabazas y ¡en judías de mata baja! Me sorprende mucho que en el mismo suelo sin labrar del ayocote del pasado año, hayan crecido las judías tan bien y con tan buena producción: estos bancales siempre sorprenden. Este ayocote, a finales de temporada ha dado menos producción que el año pasado y, me temo , que va a desaparecer de mis bancales. Mi huerto es pequeño para estas plantas tan grandes si no producen. Buscaré otra semilla de judías perennes.

 

 

 

Tweet about this on Twitter0Share on Facebook4Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someonePrint this page