Me ha gustado este artículo de Sergi Caballero sobre su huerto sin labranza.

http://www.sergicaballero.com/disenar-rotaciones-del-huerto-sin-labrar/

La clave de la no labranza en los huertos reside, según casi todas las experiencias, en el acolchado masivo y en “abrir” el suelo con cultivos de raíz u otros en los que hay que remover el suelo para cosechar, como las patatas. Además rota los cultivos más exigentes con leguminosas ( mejoradoras y fijadoras de N) y con otros menos exigentes, de un modo muy similar a como lo hace la horticultura tradicional.

Mi huerto no sigue estas pautas, principalmente porque es muy inaccesible y es muy difícil transportar las cantidades de acolchados necesarios (y me da un perezón). Vienen en mi ayuda estudios recientes y ya generalmente aceptados que indican que la formación de humus estable y la nutrición de las plantas depende, más que de poblaciones de microorganismos descomponedores en el suelo, de otros tipo hongos micorriza que forman los agregados del suelo fértil. Cuando el carbono entra en el ecosistema del suelo como restos vegetales, se descompone y vuelve a la atmósfera como dióxido de carbono. De ahí la percepción de que el suelo se come el mantillo. Los restos de plantas y acolchados son importantes para la salud del suelo, pero no llevan necesariamente a niveles más elevados de carbono estable. Las raíces forman agregados con hongos tipo micorriza y en ellos (en los agregados) se establece el intercambio por el que las plantas aportan azúcares simples (energía y carbono procedentes de la fotosíntesis) a una amplia gama de microorganismos del suelo y reciben los nutrientes necesarios, amonio y aminoácidos procedentes de la fijación biológica del N2 atmosférico, fósforo, azufre, potasio, calcio, magnesio, hierro y oligoelementos esenciales.

Es muy interesante el resumen que se hace en los artículos de http://www.amazingcarbon.com/

Esto ¿qué consecuencias tiene para el cultivo?: lo primero es que toda forma de cultivo que remueva y voltee el suelo, generando superficies desnudas y eliminando raíces activas, no es sostenible. Son necesarias coberturas vegetales vivas continuas  diversas a lo largo del año. En las tierras agrícolas el suelo libera mucho más carbono que el capturado, incluso aportando acolchados. Hay una frase en el artículo anterior que suscribo totalmente: “Si todas las tierras de cultivo fueran sumideros en vez de fuentes de CO2, disminuirían los niveles de éste en la atmósfera y mejoraría la productividad agrícola, así como la retención de agua.”

Se aconsejan el pastoreo de alta densidad y corta duración, el cultivo extensivo sobre pastos perennes y otros cultivos que permitan esta presencia continuada de plantas verdes y raíces vivas.

Pero volvemos a lo de siempre en los huertos intensivos: las hortalizas son, en general, plantas muy domesticadas y adaptadas al volteo y la fertilización nitrogenada poco descompuesta en forma de estercolados o acolchados. Como yo lo que tengo es un huerto, estoy empeñada en trasladar estos conceptos.

Para ello lo más importante, aparte de acolchar en lo posible con los restos en el mismo sitio, es tener la tierra siempre ocupada, con cultivos simultáneos y con todas las hierbas que nazcan y no supongan estorbo. Cuando comienzan a estorbar las siego, dejando las raíces. Hay algunas que no tengo más remedio que arrancar, porque vuelven a aparecer desde sus raíces: Rumex, gramíneas, Parietaria..

Me gusta particularmente simultanear los cultivos, más que rotarlos. De este modo, en los bancales se solapan los cultivos a lo largo del tiempo y comparten el espacio. Por ejemplo, hace muy poco que os conté el cultivo de tomates y otras solanáceas:

Tomates y pimientos en cultivo permanente

Primer ejemplo de bancal en la primera fila de izquierda a derecha y segundo ejemplo de bancal debajo, segunda fila de izquierda a derecha. Suponemos que discurren dos mangueras de goteo por los lados de cada bancal.

Hasta ahora los tomates y pimientos se dan de fábula, así como el maíz, entre otras. No sé si esto tiene que ver con el hecho de que vienen estas plantas de la América precolombina, donde no se conocía el arado.

 

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