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Las hortalizas son cultivos de primor, que suelen ser rentables para el agricultor pese a los gastos superiores que demandan en mano de obra, fertilizantes, fitosanitarios, semillas de última generación, etc. Sin embargo, el encarecimiento de agroquímicos,  semillas,  gasoléo, la mano de obra, las fluctuaciones de los precios, el estrangulamiento del productor por parte de los canales globales  de comercialización, etc hacen que esta situación favorable de partida, en muchos casos no lo sea al final de la campaña. Los mayores precios de venta inducen al uso de semillas caras muy exigentes en fertilizantes y trabajo pero esto no siempre se ve recompensado en el momento de la venta.

Sin embargo, sí que el cultivo hipertécnológico e intensivo ha obrado el milagro de unas hortalizas insípidas, plasticosas, bonitas, llenas de pesticidas por dentro y por fuera, muy demandantes y unos suelos esquilmados, contaminados, sin textura ni materia orgánica.  Parece que se produce mucho, pero los procesos productivos consumen recursos que no podemos recuperar: la biodiversidad agrícola, los suelos y el medio ambiente sanos y vivos, los vegetales ricos en nutrientes y de temporada, las variedades adaptadas localmente y con potencial genético para afrontar cambios climáticos, los insectos y animales beneficiosos, energía etc.

La horticultura ecológica está resolviendo algunos de estos problemas, pero resulta muy cara en mano de obra y no ha cambiado el paradigma de producir alimentos en contra de la vocación del suelo y la vegetación; gastando recursos y energía. Los paisajes y vergeles comestibles, que sí son una solución, incluyen sobre todo especies leñosas y pastos, pero ¿por qué no pueden incluir algunas herbáceas e incluso hortalizas? Yo pienso que sí pueden. Esto supone un proceso, en cierto modo, inverso a la domesticación de especies hortícolas llevada a cabo por el hombre a lo largo de miles de años.

¿Cómo pueden unas simples habas ecológicas en temporada venderse a 3,5 €/Kg y tener los granos encogidos y podridos por fisiopatías propias de un cultivo inadecuado? Las habas aparecen solas en los márgenes de cualquier huerto sano y se autosiembran en el momento preciso adelantando la temporada más que si hiciéramos semilleros cubiertos. Prosperan en terrenos en los que se cultivaron hortalizas exigentes, como berenjenas o calabacines y los mejoran sin pedir fertilizantes. Es muy triste que nos empeñemos en labrar, abonar, tratar y todo ese proceso que aburre por ser siempre lo mismo, cuando hay muchas plantas que no lo necesitan, e incluso enferman, si lo hacemos.

Esto no sólo ocurre con las habas y muchas leguminosas, sino con plantas como los puerros y las cebollas, los tomates, acelgas, ajos, perejil, espárragos, alcachofas, etc.  Incluyo en esta categoría experiencias mías o de otros que amplíen la lista de hortalizas conocidas, NUS (Neglected, Underutilized Species), y  variedades tradicionales,  capaces de asilvestrarse y ser autosuficientes en mayor o menor medida.

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