La base de cualquier cultivo permanente es disponer sobre el terreno de vegetación con una base genética amplia. Esto vale para todas las plantas que vayamos introduciendo desde un principio. Serán las poblaciones que consigamos establecer las que irán evolucionando con el tiempo y se irán seleccionando y adaptando.

La estructura inicial leñosa conformada por los setos cortavientos, los setos vivos para delimitar o producir sombra, las leñosas fijadoras de Nitrógeno y otras mejorantes y creadoras de suelo, los primeros frutales rústicos, etc  debe ser muy densaproceder de semilla en su mayoría. Aprovecharemos en un principio el monte bajo espontáneo, sus semillas y plantones.

Una vez que las condiciones del suelo y microclimáticas evolucionen, se podrán introducir frutales más delicados, injertando las variedades en los patrones ya establecidos. Las experiencias con fincas de frutales creadas seleccionando desde las semillas, muestran que hay sorpresas agradables y aparecen variedades adaptadas a la zona y con muy buenas cualidades organolépticas que luego, se pueden multiplicar. Con el paso del tiempo algunas plantas se establecen satisfactoriamente y otras mueren. No pasa nada.

Merece la pena investigar localmente viejas variedades  productivas valiosas por diferentes razones; según su rusticidad las podremos ir utilizando en las distintas fases del Vergel.

Por José Ramón Rosell

Por José Ramón Rosell (Eco4Eco)

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