Antigua era abandonada: en primer término la base de una loma. Hasta en la zona más compactada se aprecia la diferencia de vegetación en las zonas donde se recogen agua y depósitos.

Podremos comenzar nuestro vergel partiendo del suelo más degradado y compactado, como el de esta antigua era de trillar el cereal. En ella no crecen ni las  primeras herbáceas y se mantiene así sin siega y sin ovejas. Al fijarnos vemos que, en toda la zona del primer término donde se acumula agua procedente de una loma, la vegetación cambia. Aparecen herbáceas más grandes y variadas, incluso arbustos; el suelo ahí ya es diferente.

Seguiremos criterios de tipo ecosistémico http://www.acfuentevieja.es/202277704 : copiar lo que hace la naturaleza y acelerar y dirigir los procesos hacia donde nos interese. En nuestros climas secos mediterráneos el suelo orgánico se forma naturalmente en los lugares donde la orografía permite que el agua y los restos vegetales y animales se acumulen y no se pierdan por escorrentía o erosión. Estas zonas, si se respetan sin labranza, alojan sucesivamente comunidades vegetales que dependerán del clima y otras variables, pero que irán aumentando en biomasa y biodiversidad con el tiempo; esto es lo que queremos.  Siendo el agua un fáctor clave, todo lo que ayude a minimizar la evaporación, la insolación y los vientos excesivos  será bienvenido: pantallas cortavientos, sombreos de todo tipo.

Si nuestra finca es grande y podemos permitírnoslo lo ideal es un modelado previo del terreno tipo Key Line http://www.lineaclave.org/web/ para regeneración del suelo y cosecha de agua y tierra. Pero cualquier modelado del terreno de tipo forestal o agrícola que nos permita evitar la pérdida de agua y suelo en épocas de lluvia puede ser nuestra primera herramienta básica. Esto se puede llevar a cabo en cualquier escala, por pequeña que sea.

Para arrancar con las siembras primeras, puede ser útil un abonado  (estercolado) inicial. Después ya no se vuelve a mover ni voltear el suelo. Los animales son útiles en estas primeras fases: gallinas, conejos, etc, sueltos en una parcela, la abonan y siegan al tiempo.

La segunda herramienta serán las siembras y plantaciones.  Sembraremos y plantaremos muy densamente asociaciones de plantas según las encontremos naturalmente en nuestra zona. O aquellas que entendamos pueden adaptarse.

Observaremos la vegetación que aparece en los lugares más difíciles para la vida vegetal: cunetas, caminos, eras, escombreras. Para las herbáceas suele ser más fácil hacer siembras masivas iniciales con semillas disponibles, como mezclas de leguminosas y cereal, aunque podemos confiar en las espontáneas. Las leñosas pueden ser muy fáciles de multiplicar por semilla y debe hacerse. La clave es la densidad,  asociar especies e introducir la mayor base genética disponible.

También observaremos las comunidades vegetales que prosperan en los lugares más favorables.  En ellos se pueden ir introduciendo especies leñosas más domesticadas o cultivadas; ejemplares, esquejes, etc. Con el tiempo las comunidades más delicadas irán ampliando su terreno funcionando como un “hongo que se extiende en un queso”.

Las siegas, chopeados (podas y siegas depositando los restos en el sitio) y acolchados, siempre que sean selectivos y no impidan la vegetación espontánea, acelerarán la formación de suelo fértil.

Aprovecharemos y respetaremos toda la vegetación espontánea y los micro y macroorganismos.

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