Cualquier especie de frutal que veamos en nuestra zona cultivado con labranza puede, en nueva plantación, cultivarse sin laboreo. Pero, si un árbol ya establecido, se ha labrado durante años, será dependiente del laboreo y el paso será más complicado. Además, si en nuestra zona se encuentra al límite una determinada especie de árbol o arbusto, por su clima y suelo, podremos paulatinamente prepararle el terreno con otras plantaciones previas más adaptadas ecológicamente.  Los árboles más propios de nuestro terreno formarán, al ir creciendo, un lugar con un mejor microclima, sombra, condiciones de humedad y materia orgánica en el suelo; una vez establecidos, podremos introducir los más delicados, suprimiendo (chopeando) o no algunos de los pioneros.

Si, además tengo la suerte de poder apoyar los inicios con sombreo, acolchados, riegos de auxilio, aporte de materia orgánica o dispongo de animales pequeños, mejor que mejor. Lo bueno de no labrar es que las condiciones del huerto de frutales siempre mejoran, porque pisamos sobre una base firme de suelo más y más orgánico y fértil y una estructura mixta de vegetación diversa establecida. Si una variedad de frutal o arbusto no se adapta, podré injertarlo o cortarlo y plantar o sembrar otro al lado.

Mi pequeño Bosque Comestible comenzó su historia en esta terraza de suelo fértil, labrada durante siglos y abandonada hace cuatro años. No tiene riego y sobrevivián en ella granados, higueras, alcachofas, romero, un gran laurel. Como no tengo aún animales, sólo aporto algo de biofertilizante en la base de los árboles.

Las plantas de melón han crecido bien y, pese a la falta de abono, los meloncitos han salido dulces, aunque pequeños.

Llega el otoño (caliente). Estamos en noviembra y los arbolitos aún no han perdido sus hojas.

Parece mentira que una superficie tan pequeña, apenas 300 m2, resulte tan productiva y tan divertida, aunque los que pasan por el camino opinan que está “sucia”.