Claro que me preocupan la alimentación y la nutrición. Comer sano.

Pongo la tele y me encuentro con decenas de productos que combaten el colesterol en la sangre. Es estupendo que existan, porque consumiéndolos me aseguro de la buena salud de mi corazón, que las grasas animales que como no me perjudiquen el sistema cardiovascular. Para eso me hecho los análisis del colesterol. Deben ser muy dañinas para la salud las grasas de origen animal, mucha gente parece estar de acuerdo. Colesterol bueno, malo, natural, mínimos, máximos…; muy complicado. ¡Así que me compro mis vasitos de plástico con yogures o lácteos y me quedo tranquilo! Luego los conservo en la nevera y los tiro como me ordena la fecha de caducidad, que para eso hay que ser muy serios. También hay pastillas, complementos, medicamentos, pero todo natural, ¿eh? En su blíster de plástico y tal.

También me ocupo de reducir las cantidades de cereales, que producen alergias, intolerancias y malas digestiones. El humano neolítico era cazador-recolector y se alimentaba de proteína de animales y frutos o raíces recolectados. Andaba todo el día por las sabanas y vivía treinta años. Seguro que tenía un vigor y una salud de hierro. Su dieta me convence bastante porque yo voy del ordenador al Primark o al atasco en el coche y mis necesidades deben ser parecidas. Total: guerra al trigo, con su gluten y demás. Compro productos sin gluten que están disponibles en Mercadona con gran variedad. Exactamente no sé su composición, son un poco más caros, pero da igual. Colores, tamaños, presentaciones, paquetitos y envoltorios, frasquitos…me encanta. Son muy sanos y no se soban, como la barra de pan.

Compro quinoa, soja y otros granos que vienen de países lejanos, donde parece que se cultivan intensivamente para nosotros, aquí, que conocemos sus valores nutricionales. El tofu me gusta, es vegetal, oriental y está muy de moda. Más insípido que el queso, pero más sano y nuevo.  No tiene azúcares, ni gluten ni lactosa. Paquete pasterizado y a la nevera. Algún fabricante de queso fresco habrá encontrado un nicho de mercado fabricando tofu para esta gran demanda. Todo lo oriental debe ser sano, comida basada en soja y pescado, con un poco de arroz.

Hay que comer mucha fruta, claro. La tenemos disponible en muchos formatos de envase para zumos, incluso individuales. ¡Vas por la calle y te acuerdas: pues un zumito individual con su pajita! No hay que pelar ni cortar. También tengo fruta cortada y pelada, deshidratada al vacío, semillas, barritas. Un paquetito y ya he comido sano en un minuto. Más cómodo que pelar y lavar la fruta que tiene pesticidas en la piel.

Me he quitado yo mismo la lactosa, porque debo ser intolerante, seguramente. Mejor que yogures o kéfir o leche, tomo esas bebidas molonas en su vasito para llevar, como los americanos: con mango, con canela y vainilla, con cacao, ¡pero sin lactosa, ni azúcar!

Mi guerra total al azúcar no os la cuento, aunque os la podéis imaginar. Busco siempre la etiqueta “sin azúcar”. ¡Hombre, me gusta mucho el dulce, pero eso se soluciona con stevia o edulcorantes!

Ahora, lo más de lo más son los probióticos y los súperalimentos. Los huevos, los frutos secos, etc. Pero estos no deben nutrir como la famosa col Kale  (que es igual que la berza gallega pero inventada por los americanos, que moito corren), los arándanos (cómo podíamos sobrevivir antes sin arándanos, aquí en la meseta ibérica), o las algas. Las algas tienen nutrientes importantes del pescado y nombre japonés. Yo he comido la lechuga de agua en la playa, cuando era niño. Saladita.  Pero mejor japonesa y empaquetada.

Los probióticos son, según la wikipedia, ” microorganismos vivos adicionados que permanecen activos en el intestino en cantidad suficiente como para alterar la microbiota intestinal del huésped, tanto por implantación como por colonización”. Parece ser que nuestra flora intestinal está muy dañada y disminuida por los medicamentos, la dieta pasterizada, empaquetada y refrigerada. No sobrevive sin ayuda de probióticos. Es complicado esto de los probióticos y los prebióticos, naturales o medicamentos. Deben ser buenos porque son muy caros. He leído que un probiótico natural fácil de prepar sería la patata cocida. La dejamos unos días sin consumir en la nevera y surge la microbiología. Esto me ha gustado mucho, y se lo he contado a mi abuela que une la sabiduría de la edad con la que le aportan sus lecturas.

Me ha dado unas ideas que no sé si me convencen. Demasiado fácil, o difícil, según se mire. Lo primero que me ha dicho es que me hace falta una fresquera en mi casa. Ya sabéis, un hueco con rejilla al exterior y entrada por el interior para los alimentos. Dice que en ella puedo guardar muchas cosas, como frutas y verduras, platos cocinados, fiambres, quesos, e, incluso, yogures. La caraba. A la microbiota le gusta más ese ambiente que el de la nevera, dice. Según ella muchos alimentos duran mucho más, si son de buena calidad, que lo que marca la caducidad, y dice que no es tan difícil verlo. ¡Esto NO incluye los infinitos tipos y subtipos de jamón de york y platos preparados y envasados y esterilizados, vaya! Creo que voy a ponerle al invento de la fresquera un enchufe, aunque sea para una luz y un nombre japonés. Freskuji, por ejemplo. Lo fabricaré y será la bomba.